¿Has vivido recientemente la pérdida de un ser querido? ¿Sientes rabia, ira o te sientes desconcertad@? ¿Sientes una profunda tristeza, apatía o desesperanza? ¿Sientes la necesidad de hablar de esa persona? ¿Te da miedo la pérdida? ¿Tienes miedo a la muerte?
Debes ocuparte de tomar algunas decisiones, pero no sabes por dónde empezar…
Es un proceso inherente a la condición humana. Es una respuesta ante cualquier tipo de pérdida personal y única. Se caracteriza por el dolor, la aflicción y la pena por una pérdida significativa y con valor para alguien. Como consecuencia de la pérdida de un ser querido afloran pensamientos y sentimientos profundos. Una pérdida así necesita un tiempo y un proceso para volver a su equilibrio inicial, aceptar la realidad y adaptarse a la nueva vida sin esa persona.
El duelo se puede ver agravado por la proximidad o vínculo cercano con la persona, las circunstancias que envuelven el fallecimiento, el momento vital, la edad o el contar o no con apoyo social.
Los síntomas son similares a los de una depresión o estado de ánimo deprimido: tristeza, angustia, pérdida del apetito, insomnio, sentimiento de culpabilidad, pérdida de la motivación o interés por las cosas, pensamientos negativos o apatía.
El proceso de duelo presenta generalmente unas fases. Es importante tener en cuenta que no todas las personas pasan por dichas fases ni en el mismo orden.
FASE I. Impacto, perplejidad, shock. No podemos creer lo que ha sucedido.
FASE II. Rabia y Culpa. Sentimos no haber hecho o dicho suficiente.
FASE III. Desorganización del Mundo, Desesperación y Retraimiento. Aparece la apatía, el aislamiento o la desorientación.
FASE IV. Afirmación de la realidad y Recuperación. Aceptación y reorganización del mundo sin esa persona.
Es muy importante que expresemos abiertamente la pena y el dolor que sentimos, como algo natural y deseable. Cuando ya se ha aceptado la pérdida y el recuerdo del ser perdido no causa dolor podemos hablar de elaboración del duelo.
Podemos abordarlo de manera preventiva educando respecto a la muerte y reconociendo la importancia de los valores sociales y culturales de nuestro entorno relacionados con la misma. Aceptar la muerte como parte de la vida puede ayudarnos no solo a transitar mejor el duelo si no a vivir con mayor plenitud. Por citar algunos ejemplos; el budismo o el hinduismo hablan de la muerte del cuerpo físico y no de la muerte de la energía vital o alma. Un ejemplo en la cultura occidental podemos encontrarlo en el trabajo de la autora Elisabeth Kübler Ross que después de estudiar y acompañar a numerosas personas en experiencias cercanas a la muerte (ECM), observa cómo después de vivir dichas experiencias, estas personas cambian radicalmente su visión de la vida y concluyen que esta es una escuela a la que venimos aprender.
Te guiaremos y acompañaremos durante todo el proceso en la expresión de tus emociones, aportándote las herramientas y recursos que necesites en todo momento para que puedas comprender y aceptar tú pérdida. El duelo no es un proceso fácil pero no vas a estar sol@.
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